miércoles, 21 de agosto de 2013

Los siete locos

Hoy la entrada del día va a ser sobre literatura. Les comparto un artículo sobre el libro que les comenté que estaba leyendo y que hoy terminé, para que si les interesa lo investiguen y lo lean. En caso de que decidan hacerlo les recomiendo leer la biografía de Roberto Arlt, y un poquito de historia en general sobre lo que ocurría en nuestro país y en el mundo en los años 30´. Comprender la vida del autor y el contexto socio-cultural de la época es fundamental para disfrutar de esta obra. 
En los próximos días compartiré un artículo sobre el libro Los Lanzallamas, obra en la que culmina la historia de Erdosain y Los Siete Locos para que les termine de cerrar la historia. 

LA OBRA

Los siete locos

Por Luis Miguel Madrid
Los siete locos. Buenos Aires: Losada, 1958
Los siete locos. Buenos Aires: Losada, 1958
La primera parte del díptico que Arlt completará en 1931 con Los lanzallamas, relata como Remo Erdosain, un modesto estafador sin ánimo de lucro, se une a una sociedad secreta dirigida por El Astrólogo y en la que participan El Rufián Melancólico y El hombre que vio a la Partera, entre otros, la cual pretende promover una revolución científica, sangrienta y definitiva financiada por una cadena de burdeles y rodeada de una importante red de instituciones ácratas —aunque basadas en la obediencia— planteando la creación, entre otras cosas, delmisticismo industrial: «Es tan bello ser jefe de un alto horno como hermoso antes descubrir un continente».
Arlt parte de la premisa del caos sin sentido ni solución en el mundo actual, por lo que sus personajes viajan entre la ideología y el disparate a un horizonte donde es casi imposible de encontrar un sentido a la vida, amargamente caracterizada por el vacío de ideales y esperanza: «Yo lo acompaño de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningún sentido, es igual seguir cualquier corriente».
Cada uno de los personajes vive encerrado en su propia cárcel, adosados a la conciencia del fracaso pero con una expectativa de salvación que sólo puede llegar por medio de «un acontecimiento extraordinario», fruto de una idea genial o un golpe de fortuna, que los mismos personajes consideran remoto. Erdosain, consciente de ser «un inventor fracasado y un delincuente al margen de la cárcel», dispone de momentos de angustia y contradicciones intelectuales que pasan por el masoquismo, la aceptación de la locura de todos o la aceptación existencial de una vida sin sentido. Sus actos no le facilitan un especial sentimiento de culpabilidad ni tampoco de satisfacción. Por supuesto, en el universo de Arlt no proliferan los términos medios o la violencia y la dejadez extrema son sus hábitos. En uno de esos bordes, nos podemos encontrar con algún planteamiento similar a lo que años más tarde se llamó existencialismo, a través de la definición de Jean Paul Sartre: «Nacemos, vivimos, morimos, sin que por ello dejen las estrellas de moverse y las hormigas de trabajar».
También se corresponde a veces con una obra sociológica, donde hay lugar para tratar la crueldad del capitalismo, la inmoralidad sexual, la mentira y los abusos, pero sin tomar decididamente un partido, ya que el individualismo y la ironía suelen doblegar a lo social en los planteamientos arltianos: «Conocí a un hombre admirable —dice Erdosain— que está firmemente convencido de que la mentira es la base de la felicidad humana y me he decidido a secundarlo en todo».
Como sucede en toda la obra de Arlt, su posición ideológica no se clarifica y todos los estamentos sufrirán el desprecio de sus personajes, intercalando rabia y sarcasmo en situaciones imposibles de imaginar sino es a través de la parodia o el absurdo: «Ah, y a ver si puede averiguar qué diablo es el gas mostaza. Destruye cualquier substancia que no esté protegida por un impermeable empapado en aceite».
La solución que busca Arlt ante el descalabro social en el que se ve rodeado es por tanto, metafísica (sentimental o espiritual), a imagen quizás de los escritores españoles de la generación del 98 ante unas circunstancias en cierta forma parecidas. Sus personajes sufren un extraño desdoblamiento propio más bien del folletín que abarca desde la angustia metafísica a la refutación del sentimentalismo con dibujos cruelmente expresionistas.
Añade Arlt a esta mezcla inverosímil de elementos una fantasía lúcida en la que se intercala un juego irónico de múltiples interpretaciones.

http://cvc.cervantes.es

Los falsos amigos

¡Hola a todos! no pude subir notas en las últimas semanas por falta de tiempo pero ahora que estoy mas desocupada volveré a tratar de subir al menos una entrada por día. Les dejo esta nota del sitio: http://cvc.cervantes.es sobre falsos amigos en algunas versiones de libros. DECIDÍ compartirla PRINCIPALMENTE porque esta semana me tocó leer "los siete locos" y me PARECIÓ un libro bastante particular, por momentos INTERESANTE y por otros no tanto, pero creo que es buen libro al fin y vale la pena leerlo.
¡que disfruten la entrada!

ERRORES

Por Ricardo Bada

Por lo que se refiere a los temibles falsos amigos, tengo dos historias, a cuál más divertida.
En la novela Los siete locos, de Roberto Arlt, en un momento determinado, dice el autor que uno de los siete locos, que es un buscador de oro, «encontró placeres en el Campo Chileno, vagando con una prostituta llamada La Máscara». Y resulta que el despistadísimo trujamán de Arlt al idioma de Goethe tradujo ese «placeres» en su acepción hedonística (Vergnügen = goce, diversión, agrado) y no en la mineralógica (Goldsandfeld = arenal donde la corriente de las aguas depositó partículas de oro). Así es que cuando dieciocho páginas más tarde los lectores alemanes se enteran de que La Máscara estaba sifilítica, no les queda ni la menor duda de que al menos en el aspecto sexual los argentinos son unos degenerados: qué es eso de hallar placeres con una puta sifilítica, vamos, ni en los casos más aberrantes de la psicopatología de Krafft-Ebing.
Ahora bien, la historia más linda de las dos es una que me pasó personalmente cuando estaba chequeando las traducciones al alemán de García Márquez, por un común acuerdo del autor, la editorial y la traductora. Fue con El amor en los tiempos del cólera, y recuerdo que unos días antes de enfrentarme con los primeros capítulos de la traducción, tuvo lugar la Buchmesse, la feria del libro de Fráncfort, y allí, en el pabellón brasileño, descubrí un ejemplar de O Amor nos Tempos de Cólera, la novela de Gabo, traducida por otro gran novelista, Antonio Callado. Y me dije que sería bueno tenerlo a mano al estar chequeando la traducción de Dagmar Ploetz, buena amiga mía, para mirar las soluciones de Callado cuando ella y/o yo estuviésemos en dudas.
(Entre paréntesis: he aquí los cinco elementos que componían la portada de aquella edición carioca: 1.º Gabriel García Márquez, 2.º Premio Nobel de Literatura, 3.º O Amor nos Tempos de Cólera, 4.º Tradução de Antonio Callado, y 5.º el logotipo de la editorial con una sola palabra que casi parece aludir al contenido prometido por semejante portada: Record).
Dagmar Ploetz acostumbraba a subrayar en su traducción aquello que no estaba segura de haber entendido o traducido bien, y a veces me proponía varias soluciones. En este caso no, en este caso se limitó a subrayar una palabra y a poner varios signos de interrogación detrás:
Allí estaban las autoridades sin más protección contra el sol que los paraguas de diario, estaban las escuelas primarias agitando banderitas al compás de los himnos, las reinas de la belleza con flores achicharradas y coronas de cartón de oro, y ¿¿la papayera?? de la próspera población de Gayra, que era por aquellos tiempos la mejor de la costa Caribe.
¿Qué caramba era una «papayera»? Tampoco yo lo sabía entonces, pero releí el párrafo, hice mi composición de lugar (autoridades, escolares agitando banderitas al compás de los himnos, etc.) y me dije que debía de ser la banda de música. Seguro de que era eso, miré la traducción de Callado, donde decía:
Lá estavam as autoridades que só tinham como proteção contra o sol os guarda-chuvas do dia-a-dia, as escolas primárias agitando bandeirolas ao compasso dos hinos, as rainhas de beleza com flores esturricadas e coroas de papelão dourado, e gente da plantação de mamão da próspera localidade de Gayra, naqueles tempos a melhor da costa Caribe.
Me dije que fuera lo que fuese una papayera, con toda seguridad había algo que sí que no era: la gente de la plantación de papaya. Así es que llamé a Pacho Zumaqué, uno de los mejores compositores colombianos, y a la sazón agregado cultural en la embajada en Bonn, y el buen Pacho, que es de Montería, o sea, costeño, de la zona donde se desarrolla la novela de Gabo, a mi pregunta de qué era una papayera me contestó con una expresión que jamás olvidaré: «Un combo de chupacobres». O sea, lo que en alemán se traduciría como Blaskapelle, una banda de música compuesta de instrumentos de viento.
¡Chupacobres: palabra que sería divina si encubriese más lo humano!

miércoles, 7 de agosto de 2013

Traduciendo títulos

Por Ricardo Bada

El periodista colombiano Guillermo Angulo escribió una vez acerca de «otro sabio catalán» —otro, porque el famoso en su país es el de Cien años de soledad— «perdido en las alturas de Bogotá, llamado Luis Vicens. […] Fue el primero en hablarme de Ray Bradbury. Yo le dije que no me entusiasmaba lo que en italiano se llama fantasciencia y él insistió diciendo que las Crónicas marcianas eran otra cosa, y que Borges las recomendaba. […] Y leí lasCrónicas, me gustaron mucho, lo que me llevó a ver la película de Truffaut,Fahrenheit 451. […] Más tarde […] leí el libro, en uno de cuyos epígrafes el autor explica que esos grados son la temperatura a la que el papel hace llama. Yo creo que así como los buenos traductores convierten las millas en kilómetros, las yardas en metros y los pies y pulgadas en centímetros, el título en español del libro de Bradbury debería ser Celsius 232».
Comienzo con esta larga cita del maestro Angulo porque realmente pone los puntos sobre las íes, tanto de Fahrenheit como de Celsius.
Pienso ahora en la novela de Thomas Mann que conocemos bajo el título Los Buddenbrooks, y sigue sin convencerme esa traducción. En 1950, desde Suiza, Thomas Mann le escribió a un aristócrata sueco, el barón Buddenbrock, quien le había consultado si existía alguna conexión entre su familia y la familia del libro. Y en la carta de Thomas Mann puede leerse literalmente (traduzco del alemán): «Mi novela juvenil se titula Buddenbrooks y no Los Buddenbrooks. Ese artículo sólo se lo antepondría a un apellido noble, no a uno burgués». Así de sutil y de escrupuloso era don Thomas Mann, según ya señalé en otro trujamán.
La pregunta es, pues, cómo traducir correctamente lo que es la tarjeta de visita de un libro: su título. Puede que sea obvio señalarlo, pero Madame Bovary es uno que sigue sin traducirse, aun habiendo celebrado la dama, ya, sus primeros 150 años. Que yo sepa, no hay ninguna edición en que la novela de Flaubert se llame La señora Bovary. ¿Querría ello dar a entender que la traducción correcta consiste en dejar el título en el original?
Agudamente señala Augusto Monterroso, en un texto dedicado a este tema, que «en ningún país de lengua española habrá quien ponga por título Odiseo alUlysses de Joyce». Y no es el único caso, ni sólo sucede en nuestros países, añado yo. En al menos dos de sus versiones a lenguas extranjeras, la míticaRayuela de Julio Cortázar se publicó llevando por delante esa palabra que ya casi es un mantra, seguida por el nombre del juego en alemán o neerlandés:Rayuela: Himmel und Hölle; Rayuela: een hinkespel.
Pero ¿qué hacer con un título como Boquitas pintadas, de Manuel Puig? En Alemania, donde una traducción literal, correcta, hubiera sido echar margaritas a los cerdos, optaron por una solución tan mercadotécnica que pone la carne de gallina: Der schönste Tango der Welt (El tango más hermoso del mundo), fue la respuesta filistea y devastadora al problema que supondría la absoluta incomprensión de un literal Geschminkte Mündchen.
Y en la misma editorial, Suhrkamp, es leyenda admitida que un día irrumpió en la sala de reuniones el estentóreo Siegfried Unseld, director de la casa, y gritó que ya estaba harto de oír que aún no había título para la novela de João Ubaldo Ribeiro Viva o povo brasileiro, recién acabada de ser traducida al alemán para ellos: «¡Brasil, Brasil! —gritó Unseld— ¡desde hace meses no oigo más que Brasil, Brasil!». Y es por ello que en alemán la novela se titula, sin que ningún lector corriente y moliente pueda saber por qué, Brasilien, Brasilien.
Y para terminar no quiero dejar de mencionar el caso de absoluto disparate que fue en su día traducir The Importance of Being Earnest, la comedia de Oscar Wilde, como La importancia de llamarse Ernesto. ¡Con lo fácil que hubiera sido rebautizar al protagonista, cosa que se hacía entonces en nuestras latitudes, y titular la obra La importancia de ser Honesto! Y conste que no es un santo que me invento: la Iglesia católica celebra su fiesta el 28 de noviembre.

martes, 6 de agosto de 2013

La RAE nos obliga a retirar servicios del portal

El otro día entrando a esta página que me gusta mucho (http://elcastellano.org), leí la nota a la que refiere el artículo y pensé en compartirla. Menos mal que no lo hice sino estaría en problemas yo también jaja. Más allá del humor, me parece lamentable lo ocurrido. 

Cuando vi aquel mensaje amenazante en mi correo electrónico, pensé que el remitente sería de esas personas que emplean su tiempo en enviar mensajes-basura, un cracker o depredador, de los que se enorgullecen de sus acciones vandálicas en la red. Esta conjetura se vio fortalecida por el hecho de que el IP de donde provenía el mensaje está señalado en Wikipedia como origen de actos de vandalismo en la red: http://es.wikipedia.org/ wiki/ Usuario_ discusi%C3% B3n: 213.192.254.2. 

En el mensaje se me advertía, en nombre del Grupo Planeta y de la Real Academia Española, que debería retirar los avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico, pues estaría violando, aquí en Montevideo, no sé qué leyes civiles y penales del Reino de España. No podía concebir (ahora puedo) que la Real Academia y un grupo empresarial de la envergadura de Planeta pudieran zanjar sus conflictos sobre uso de contenidos mediante mensajes anónimos en la internet. Ni que creyeran que yo podría «competir» con ellos. 

Después de intercambiar varios mensajes y llamar por teléfono a la sede del Grupo Planeta en Barcelona, pude comprobar que mi conjetura era errónea: mi interlocutor acabó identificándose como Álex Calvo, del Departamento Jurídico de dicho grupo, quien dijo actuar en «en nombre de la Real Academia Española, en adelante RAE», todo ello con «un profundo respeto hacia nuestros usuarios» y con el objeto de «procurar la continuidad de su buen nombre en el sector», según reza el mensaje inicial sin firma enviado desde la dirección electrónica acalvog@planeta.es. 

La docta casa me advirtió asimismo a través de este insólito apoderado, que «queda prohibida la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE, salvo en el caso de que se utilicen los procedimientos que la entidad implemente para ello, bien sea por medio de botones integrables en el navegador o de otro tipo de recursos de software». 
Según Planeta/RAE, este nuestro modesto portal estaría practicando «competencia desleal» y cometiendo «un ilícito penal de acuerdo con» leyes que rigen en el reino peninsular. 

Sintiéndome intimidado por entidades tan poderosas, he retirado del portal los contenidos cuestionados, pero no puedo dejar de señalar que hace nueve años empecé a distribuir nuestro boletín La palabra del día,que hoy llega a un universo de 212.000 suscriptores gratuitos. Pues bien, hace tres años, la Real Academia decidió apropiarse del nombre del boletín y tiene su propia «palabra del día». Nunca cuestioné este procedimiento, característico de la política de ninguneo de RAE, pero es sintomático que, a partir del momento en que nuestra buena amiga Silvia Senz se lo hizo notar a la Academia Española mediante un mensaje dirigido a la cuenta en Twitter @RAEinforma, le fue bloqueada su suscripción a este servicio de la RAE en esa red social. 

El papel de las instituciones académicas, sobre todo de aquellas que son financiadas en todo o en parte por el dinero de los contribuyentes, es generar y transmitir conocimientos, devolviendo a la sociedad el fruto de sus investigaciones con la máxima divulgación posible. Que las empresas privadas comercialicen material cultural para obtener ganancias no está mal, forma parte de su papel en nuestra organización social, pero las instituciones académicas no deberían involucrarse en la busca de lucro. 

Habíamos pensado hasta ahora que este sería el caso de la Real Academia Española, que desde Madrid pretende dictar las normas del castellano a un universo de 450 millones de hablantes diseminados en veintidós países de cuatro continentes, trabajando en colaboración con un conjunto con otras tantas academias nacionales . Pero la RAE retacea el fruto de su trabajo por razones comerciales: su diccionario no ofrece en la web todos los servicios de su versión comercial en disco, el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española no ofrece en la red los mismos servicios que su versión de pago en DVD, y no permite la divulgación de sus trabajos fuera de su página web por razones comerciales. 

En el siglo XXI, la Academia ha delegado en empresas privadas del Reino de España una parte de la autoridad que hace 298 años le confirió Felipe V para unificar la lengua del imperio. En efecto, es sorprendente que una compañía poderosa como el Grupo Planeta pueda presentarse en nombre de la Real Academia, presionando para impedir la divulgación en la internet de obras en cuya elaboración han participado las veintidós academias, como es el caso del Diccionario de la lengua española y pretende imponer las leyes del reino a los países hispanohablantes. 

Para oír la conversación telefónica con este empleado de la editorial española, pulse aquí.

Para ver la intimación enviada por Planeta/RAE a elcastellano.org, pulse aquí.

FIRME LA PETICIÓN «La lengua es de todos, no de las corporaciones«

«Sin peros en la lengua»; entrevista por TV

Entrevista a la Agencia Alemana de Prensa (dpa)

Televisión Nacional (TN) uruguaya. Reportaje

La Diaria (Montevideo): "Intimación a elcastellano.org abre debate sobre disponibilidad de contenidos en la web"

Semanario Búsquueda (Montevideo): "Enlaces prohibidos. La RAE dice no" en la web"

Bosque nos contesta que "las obras de la Academia tienen copyright", algo que nadie discute 

Clarín: "Sigue la polémica sobre contenidos de la RAE"

El Observador: "Palabras, leyes e internet"

Periodismo humano: La RAE no quiere compartir sus palabras

Ofensiva de la RAE: 180.com.uy - Uruguay

La República, de Lima

Si desea enviar sus comentarios, puede hacerloaquí.

José Antonio Millán. 
Planeta y la RAE

Campaña Contenidos de la RAE deben ser de dominio público 

Addenda et corrigenda: La máquina de hacer dinero del Grupo Planeta 

Algunos de los mensajes de apoyo recibidos (Última actualización). 

Mensaje de Molino de Ideas. 

Noticias.LaInformación.Com. 

Las razones económicas de la RAE para impedir la "competencia desleal" de los internautas. 

Estandarte: RAE y Planeta contra ElCastellano.Org 

Entrevista radial a Ricardo Soca por el periodista Jaime Clara 

Expresión gráfica de apoyo 

Jorge Fondebrider: «El apriete a Ricardo Soca es apenas la punta de un iceberg» 




lunes, 5 de agosto de 2013

Compuestos con guion

Buen comienzo de semana para todos. Espero que esta nota les sea útil y les aclare algunas dudas como a mí. 
Mª Ángeles Sastre
Como ustedes saben, la composición es un proceso morfológico por el que dos o más palabras se unen y forman una palabra nueva. Sin entrar en detalles ni en precisiones terminológicas que aquí no vienen al caso –como por ejemplo el concepto de palabra o si puede hablarse de composición en el caso de que alguno de los formantes o los dos sean temas neoclásicos (de procedencia latina o griega, como en homeopatía o patología)–, pueden distinguirse tres clases de compuestos según el grado de fusión de los componentes: a) compuestos univerbales, que se integran en una única palabra ortográfica (como sabelotodo, cuentakilómetros, vaivén, tiovivo, ciempiés o rodapié); b) compuestos pluriverbales, formados por dos sustantivos o por un sustantivo más un adjetivo en palabras separadas (como hora punta, ciudad dormitorio, niño prodigio, menú anticrisis, seguridad social o perrito caliente); y c) compuestos cuyos formantes o bases léxicas se separan con un guion (como en teórico-práctico, lingüístico-literarioo científico-técnico), de los que nos ocuparemos esta semana.
En realidad no hay una regla que decida qué compuestos deben escribirse con guion intermedio. La Ortografía de la lengua española de la RAE (publicada en 2010, § 4.1.1.2) dice al respecto que «gracias la naturaleza en cierto modo dual del guion, que une a la vez que separa, existe además la posibilidad de utilizar este signo para formar determinado tipo de compuestos, en los que se unen dos palabras entre las que se establece un estrecho vínculo semántico, a la vez que conservan cierta independencia referencial». De esta observación académica cabe deducir cierta imprecisión en cuanto al uso del guion como separador gráfico de palabras compuestas.
¿Por qué cuenta nómina, perro lobo, capital riesgo, viaje relámpago o lista negra se escriben separado y, en cambio, escribimos comentario lingüístico-literario, apartado científico-técnico o aspectos teórico-prácticos? Como he dicho anteriormente, no hay una regla ortográfica, pero sí unas pautas que regulan la escritura con o sin guion.
En primer lugar, los compuestos estables de este tipo están formados fundamentalmente por adjetivos aplicados a un mismo sustantivo y no forman una nueva palabra compuesta. Dado que el español rechaza la yuxtaposición de estos adjetivos (apartado científico técnico, aspecto teórico práctico), es necesario recurrir al guion intermedio cuando cada uno de ellos conserva su forma plena y ambos siguen siendo tónicos, es decir, cuando conservan su acento prosódico. En la flexión, el primer elemento permanece invariable en la forma masculina singular, mientras que el segundo concuerda en género y número con el sustantivo al que se refiere. En cuanto a su escritura, ambos elementos conservan la acentuación gráfica que les corresponde como palabras independientes. En el caso del adjetivo compuesto científico-técnico, si lo aplicamos a un sustantivo femenino, vemos que el primer elemento queda fosilizado (escala científico-técnica, unidad científico-técnica); y lo mismo ocurre si lo aplicamos a un sustantivo en plural (apartados científico-técnicos, escalas científico-técnicas).
Además, en estos compuestos puede verse una relación de concordancia entre los adjetivos que forman el compuesto: un examen teórico-práctico tiene algo de teórico y algo de práctico; un comentario lingüístico-literario tiene una parte lingüística y una parte literaria; un asunto político-económico tiene algo de político y algo de económico.
¿Qué ocurre cuando el guion que se usa para formar este tipo de compuestos coincide con el final de renglón? La norma ortográfica es que se repita el guion al comienzo de la línea siguiente para evitar que el lector entienda que el compuesto se escribe sin guion. En los casos que nos han servido como ejemplos, si se diera tal circuntancia, habría de escribirse así: escala científico- / -técnica, unidades científico- / -técnicas, apartados científico- / -técnicos. Obviamente, la lectura resulta más clara así que si aparecieran próximos dos guiones al final de un renglón, como encientífico-téc- / nico, opción que no se recomienda.
Quedan eximidos de la repetición del guion a comienzo de línea los antropónimos (Gil-Albarellos, Pérez-Pedrero) y los topónimos compuestos (Rivas-Vaciamadrid, Parque natural del Cabo de Gata-Níjar, comarca de Saja-Nansa). La razón que explica esta excepción es que la mayúscula inicial del segundo componente indica suficientemente que el guion no es meramente indicativo de final de línea.

viernes, 2 de agosto de 2013

Cómo se escriben las fechas

Antes de despedirme les dejo otra nota interesante para tener en cuenta a la hora de traducir las fechas. Si bien ya casi todos sabemos el método para escribirlas, está bueno refrescar algunos detalles.

El orden que la Real Academia Española recomienda para la escritura de las fechas es día, mes, año («14 de octubre de 1951»). Se puede recurrir al orden inverso —año, mes, día—, tal y como aconsejan las normas ISO, cuando se trate de documentos de carácter científico o técnico de circulación internacional. La Academia no recomienda en ningún caso el orden mes, día, año propio de los países anglosajones («octubre 14 de 1951»).
Escritura de las fechas con letras.
Esta opción solo es habitual en documentos solemnes, escrituras públicas, actas notariales o cheques bancarios. En este caso, el día se escribe normalmente con el ordinal en América y con el cardinal en España («primero de marzo de mil setecientos cuarenta y tres» o «uno de marzo de mil setecientos cuarenta y tres»).
Combinación de letras y números. 
El formato clásico sigue el siguiente modelo: 15 de enero del 2006. Es la opción más común, con el mes siempre con inicial minúscula.
Sólo números
Cuando las fechas se escriban solo con números, las cifras del día, mes y año deben separarse mediante guiones, barras o puntos, y sin espacios: «4-6-1982», «8/7/1980», «12.9.08». La RAE recomienda no anteponer, salvo por imperativos técnicos, un cero a la cifra del día cuando esta es inferior a 10 (mejor «4/2/98» que «04/02/98»); el mes puede escribirse en números arábigos o romanos («4/6/82» o «4/VI/82») y el año puede aparecer con las cuatro cifras o solo con las dos últimas («7/5/03» o «7/5/2003»).
En fechas escritas íntegramente con números cada vez se usa más la norma ISO 8601. No es correcto emplearla en fechas alfanuméricas.
El formato básico es aaaa-mm-dd.
Los años deben tener cuatro cifras, los meses dos y los días también dos, por lo que hay que añadir un cero si el valor es menor de 10 (en los años puede ser necesario añadir dos o tres ceros). Los valores que admite son:
  • años: para los años anteriores a la era cristiana se emplean números negativos;
  • meses: de 1 (enero) a 12 (diciembre);
  • días: de 1 a 31 (o menos, según el mes).
Meses
Los meses del año se escriben con minúsculas en cualquier calendario.
Años
Los años se escriben sin punto: 1653 y no 1.653

TRUCO

Recuérdese que, cuando el año se escriba con cuatro dígitos, no se debe escribir un punto para marcar los miles (mejor «1998» que «1.998»).

La traducción, consejos básicos

La frecuencia y naturalidad con que conviven las lenguas en internet nos exige habitualmente, aunque no seamos traductores profesionales, operaciones de traducción. Así pues conviene recordar los conceptos básicos de esta práctica. La lengua de la que partimos se suele llamar lengua fuente; la lengua a la que traducimos, lengua meta. Lo ideal es que la lengua meta sea la lengua materna del traductor (traducción directa); la traducción desde nuestra lengua materna a otra se denomina traducción inversa. El término traducción se reserva para los textos escritos, mientras que la traducción de textos orales se denomina interpretación.
Algunos consejos a la hora de traducir podrían ser:
  1. Ser fieles al original. El traductor no debe decir nada que no esté en el texto original ni omitir algo que aparezca en él.
  2. Construir un texto (frase u oración) que respete las normas y tendencias sintácticas y morfológicas de la lengua meta (lo que implica un buen conocimiento de ellas). Por ejemplo, es habitual que quienes traducen del inglés incluyan muchas más oraciones en voz pasiva de las que habitualmente emplea el español. Algunas son sencillamente incorrectas (las que se forman con verbos intransitivos en español); otras, poco naturales en nuestra lengua, que tiende a la voz activa tanto como el inglés a la pasiva.
  3. Cuidado con los falsos amigos: si en el suplemento de salud de una publicación digital inglesa, francesa o italiana encuentro las formasconstipated (ing.), constipé (fr.) o costipato (it.), tenderé, sin recurrir al diccionario, a pensar que se trata de equivalentes de constipado (esp.). Comprueba, por favor, las correspondencias, y no des por hecho lo que parece evidente.
  4. Atención a los extranjerismos: si en la lengua meta existe ya el equivalente al término de la lengua fuente y su uso está asentado, empléalo (es preferible resumen a abstract; copia de seguridad a back up).
  5. No te obsesiones con los significados literales de las palabras.Normalmente, para decir lo mismo, las lenguas se refieren a la realidad de modo diferente. Hay que trasladar siempre el sentido de las expresiones. Esto se ve muy bien, por ejemplo, con ciertas frases hechas o refranes: la mejor traducción de It´s raining cats and dogs esLlueve a cántaros. El loro o la cotorra con que designamos en español a una persona excesivamente locuaz (hablar como un loro/una cotorra) se transforma en catarata en alemán: wie ein Wasserfall reden(literalmente, como una catarata hablar). Otras veces la diferencia es de matiz: el mentiroso y el cojo del refrán español Antes se coge a un mentiroso que a un cojo se convierten en alemán e italiano en mentiray piernas cortas, respectivamente: al. Lügen haben kurze Beine(literalmente, mentiras tienen cortas piernas); it. Le bugie hanno le gambe corte (literalmente, las mentiras tienen las patas cortas).
  6. Cuidado con los traductores automáticos. En internet hay muchos y su uso es sencillo e intuitivo. Quizá podrían servirnos para una primera aproximación, pero nunca debemos fiar la traducción de una expresión a un traductor automático. He aquí como traducen al español dos traductores automáticos el siguiente titular de una información médica:
Genetic sequencing could help match patients with biomarker-driven cancer trials, treatments
- Resultado 1: «La secuencia genética podría ayudar a aparear los pacientes con los análisis y tratamientos de cáncer sobre la base de biomarcadores».
- Resultado 2: «La secuenciación genética podría ayudar a los pacientes coinciden con los ensayos de biomarcadores impulsada por el cáncer, los tratamientos».
Como se puede apreciar, mientras que el primer traductor comete un error léxico evidente (¿aparear los pacientes?), el segundo construye una secuencia de palabras imposible en español.
- Resultado 3: la propuesta «humana» sería «La secuenciación genética podría ayudar a asociar a los pacientes con ensayos o tratamientos contra el cáncer basados en biomarcadores».
Concluimos con esta máxima del profesor Valentín García Yebra, referencia obligada en los estudios españoles sobre la traducción, que sintetiza así la labor del buen traductor:
La regla de oro para toda traducción es, a mi juicio, decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua a la que se traduce.

REFERENCIAS

Valentín García Yebra, Teoría y práctica de la traducción, 3ª ed. revisada, vol. I, Madrid, Gredos, 1997, p. 45.

SOBRE EL AUTOR/A

M.ª Elena Gómez y Luis Guerra (@guerra_salas) son profesores de periodismo en laUniversidad Europea de Madrid y expertos en comunicación intercultural. Puedes contactar con ellos a través de los siguientes enlaces:Elena, Luis.


¡BUEN FIN DE SEMANA PARA TODOS!

jueves, 1 de agosto de 2013

Traducciones literales

Por Mariano Antolín Rato

Leo en un reciente número de The New York Review of Books un análisis que hace Peter Green de varias versiones al inglés de obras de Sófocles. Después de doctas observaciones, supongo que atinadas dado mi escaso conocimiento de la materia, el helenista británico y profesor en diversas universidades de Estados Unidos termina señalando que el estilo del gran trágico griego es extremadamente flexible. Tiene tales variaciones, y constantes y dramáticas según él, de dicción, ritmo y tensión, que ningún traductor se atreve a lanzarse demasiado. Y que las mejores versiones casi siempre resultan un tanto anodinas. Algo que me remite a unas acertadas apreciaciones de García Gual, uno de los poquísimos sabios que todavía andan sueltos, en las que señala que la mayoría de las traducciones de los clásicos griegos —al español en este caso— si bien mantienen una equivalencia con el original y evitan molestos literalismos, llegando incluso a ser representables, nunca resultan, y de modo inevitable, tan emocionantes como en griego.

El traductor, algunos lo escriben, es como la luna que no posee una luz propia, sino que refleja la del sol. Este astro, de acuerdo con semejante imagen, sería el texto original. El reflejo de su luz en la luna, claro está, la traducción.
Por el momento, dejando de lado cualquier valoración del alcance, más bien corto, creo yo, de las comparaciones de ese tipo, asumo mi papel de satélite. Y entonces resulta evidente que la función subordinada del traductor supone cierta pérdida de la luminosidad del texto de partida. Que éste, trasladado a otro idioma, no posee la misma brillantez, la misma emoción —como se apuntaba más arriba con respecto a los clásicos griegos—.
Existen, sin embargo, procedimientos que, sin lograrlo del todo, se aproximan más a conseguir que la inevitable opacidad consecuencia del traslado sea menor. Uno de ellos, me parece, es evitar que el texto traducido suene como si hubiera sido escrito en el idioma de llegada. Para ello, y a riesgo de ser tachado de excesivamente literal, uno puede llevar al español formas sintácticas y modos expresivos que considera ecos del original y que permitan que el lector, y no sólo por el ambiente, los nombres de los personajes, las referencias a las relaciones entre ellos y las maneras en que éstas se presentan, se dé cuenta de que se trata de una obra literaria cuyo desarrollo sucede en otro lugar. Y sobre todo en otro idioma.
Conseguirlo no es tarea fácil —traducir nunca lo ha sido—, pero el recurso a una casi imperceptible sensación de distanciamiento de carácter lingüístico hace que quien lee tome conciencia de que aquello está pasando en otra parte. No es cuestión, por supuesto, de saltarse las normas o de recurrir a los «molestos literalismos» mencionados. La tarea consiste más bien en seguir lo más de cerca posible el original, repetir, si es el caso, modos de decir e incluso palabras que el autor ha utilizado y que, quizá en español se evitarían. Considerar que, bien porque el autor lo haya querido así, o porque no revisó más el texto, son las utilizadas y deben reproducirse por mucho que uno sienta tentaciones de variarlas. En definitiva, que un traductor nunca tiene derecho a «mejorar» —entre muchas comillas— el original.
Es lo que se me plantea estos días en que estoy haciendo la lectura final —hasta pruebas—, de la traducción de una novela americana que acabo de terminar. Encuentro, por ejemplo, y varias veces, en ocasiones con solo dos líneas de diferencia, que he puesto «durante algún tiempo». Me entran unas ganas tremendas de alternar esa expresión con otra equivalente, puede que más acertada. Lo que pasa es que el original repite for a while y, claro, ¿quién soy yo para modificarlo? Lo mismo vale para unos insistenteswhere («donde»), o los machacones said («dijo») de los diálogos.
Suenan mal en castellano, desde luego, pero a riesgo de ser considerado «literalista» deben mantenerse. La valoración del estilo de un escritor no es competencia del traductor. Su complicado cometido es verterlo tal y como aparece.

martes, 30 de julio de 2013

¿Qué dice la Academia Española sobre la hora?

La notación de la hora es uno de los temas que suscitan más dudas a los hispanohablantes, sobre todo en la era de la revolución digital, cuando los grandes centros exportan grafías novedosas que conquistan a muchos por su pretendida modernidad. La Real Academia Española expone en su sitio web las normas para escribir la hora en nuestra lengua. 

Para expresar la hora se utiliza la serie de los números cardinales, de acuerdo con dos modelos diferentes: 

a) Aquel en que se utilizan solo los números del 1 al 12 y se añade, en caso de ser necesario, la indicación del tramo del día en el que se incluye la hora que se expresa: «de la mañana» (desde que sale el sol hasta el mediodía, o desde la medianoche hasta que amanece): A las nueve de la mañana hacía ya un calor insoportable; Me desperté a las tres de la mañana y ya no pude conciliar el sueño; «de la tarde» (desde el mediodía hasta que el sol se pone): Contraerán matrimonio mañana, a la una de la tarde; Falleció en su casa a las seis y cuarto de la tarde; «de la noche» (desde que anochece hasta la medianoche): No llegaron hasta pasadas las once de la noche; La puerta se cierra a las doce en punto de la noche; «de la madrugada» (desde la medianoche hasta que amanece): A las tres de la madrugada el frío era insoportable; Una llamada telefónica lo despertó a las cuatro y media de la madrugada. No es correcta la expresión *doce de la tarde, usada en lugar de doce de la mañana, del día o del mediodía. Para indicar las principales fracciones horarias se utilizan las expresiones en punto, y cuarto, y media y menos cuarto; en algunos países americanos como Chile, Venezuela, Perú, México y Ecuador, en lugar de menos cuarto se emplea la fórmula un o al [Méx.] cuarto para...: «Empiezo muy temprano, un cuarto para las siete» (Época [Chile] 11.7.97); «Era un cuarto para las diez» (Vargas Llosa Conversación [Perú 1969]); «El sol sale a un cuarto para las seis» (Morón Gallo [Ven. 1986]); «Al cuarto para la una cierra el templo» (Elizondo Setenta [Méx. 1987]). El modelo de doce horas es el más utilizado cuando la hora se escribe con letras, y el más común en textos literarios y periodísticos. No obstante, este sistema también puede utilizarse si se opta por escribir la hora con cifras; pero, en ese caso, para evitar ambigüedades, deben emplearse, tras los números, las abreviaturas a. m. (del lat. ante merídiem ‘antes del mediodía’) y p. m. (del lat. post merídiem ‘después del mediodía’): 5.30 a. m. (‘cinco de la mañana o de la madrugada’) y 5.30 p. m. (‘cinco de la tarde’). Para las doce de la mañana se recomienda el empleo de la abreviatura m. (del lat. meridies ‘mediodía’): «Estudiantes con carné, gratis antes de las 12 m.» (Tiempo [Col.] 28.4.97). 

b) Aquel en que se utilizan los números del 0 (para las doce de la noche) al 23, que presenta la ventaja de no requerir precisiones adicionales, ya que cada hora del día le corresponde un número diferente. Este modelo se expresa con preferencia en cifras, en lugar de letras, y se usa especialmente en contextos en que se requiere la máxima precisión con el mínimo de elementos: El autobús saldrá a las 15.30 h de la plaza de España. Aunque es menos común su empleo cuando la hora se escribe con letras, no faltan ejemplos de ello en contextos particulares, como demuestran los ejemplos siguientes: «Ingresó el 10 de octubre de 1930, a las diecinueve horas» (Baroja Vuelta [Esp. 1944-49]); «El sol se había puesto a las diecisiete y, a pesar de las nubes, pude bajar un par de astros» (Fogwill Cantos [Arg. 1998]); «[La campaña] comenzará oficialmente a las cero horas del viernes» (Vanguardia [Esp.] 2.11.95).

3. Como ya hemos visto, la expresión de las horas puede hacerse mediante letras o mediante números, y ello depende, básicamente, del tipo de texto de que se trate:

a) En textos literarios y periodísticos, así como en cualquier otro tipo de texto en que la precisión horaria no es un factor de especial relevancia, la hora se escribe preferentemente con letras: Su padre lo llamó a las diez de la noche para recordarle que debía acompañarlo al médico al día siguiente.

b) En horarios, convocatorias, actas, informes técnicos o científicos y cualquier otro tipo de texto en que la precisión en la indicación de la hora es un factor relevante, se utilizan preferentemente las cifras: La cena se servirá a las 22.30 en el comedor principal. Se ruega puntualidad.

No es recomendable mezclar el uso de letras y cifras; así, es preferible escribir las diez de la noche que las 10 de la noche.

En el uso de letras o cifras también influye el hecho de que se trate de horas exactas o aproximadas. En la expresión aproximada de las horas no suelen utilizarse cifras, sino letras, y se emplean fórmulas como alrededor de, hacia, y pico), pasadas, etc.: «La orquesta debía comenzar a las ocho y eran las diez pasadas» (Vargas Llosa Casa [Perú 1966]); «Hacia las ocho de la tarde dieron por acabada la audiencia» (GaPavón Reinado [Esp. 1968]); «Aparecía por la clínica diariamente, alrededor de las cinco de la tarde» (Marsé Tardes [Esp. 1966]); «Serían las dos y pico de la tarde» (Chávez Batallador [Méx. 1986]). Cuando se expresan horas exactas, puede optarse por utilizar letras o números, teniendo en cuenta las preferencias señaladas anteriormente en función del tipo de texto.

4. Cuando se utilizan cifras en la expresión de la hora, hay que tener en cuenta lo siguiente:

a) Para separar las horas de los minutos, puede optarse por el uso del punto o de los dos puntos: 17.30 o 17:30.

b) Opcionalmente, puede emplearse tras las cifras el símbolo h (‘hora’), que, como todos los símbolos, debe escribirse sin punto (salvo, naturalmente, que se trate del punto que marca el final del enunciado): 17.30 h o 17:30 h. También es posible desglosar la mención de horas y minutos, e incluso segundos, utilizando para ello los símbolos correspondientes: La bomba se lanzó a las 15 h 24 min 12 s en un remoto paraje de Siberia. Este desglose es más común cuando se quiere expresar no tanto el momento en que ocurre un hecho, como su duración, especialmente en contextos científicos, deportivos y cualesquiera otros en que la precisión es esencial: El período de rotación de Marte es de 24 h 37 min 23 s; El primer clasificado hizo un tiempo de 13 h 35 min 14 s; El tiempo de cocción es de 2 h 40 min.

c) Las horas en punto se expresan mediante dos ceros en el lugar que corresponde a los minutos: 22.00 o 22:00. Pueden omitirse los dos ceros si tras la indicación de la hora se escribe el símbolo h. El acto comenzará a las 22 h.

d) Cuando se utilicen las abreviaturas a. m., m. y p. m., no debe usarse, además, el símbolo h, por ser evidente que se trata de una referencia horaria. Lo correcto es escribir 17.30 h, 5.30 p. m. (o 17:30 h, 5:30 p. m.).